La agricultura en Chile es fundamental en materia económica, pues además de ser una importante fuente de empleo, se ha destacado en el ámbito internacional, en mercados de países americanos, europeos y asiáticos.

La actividad agrónoma chilena data en gran parte del territorio nacional, de la época prehispánica. Los primeros registros históricos corresponden al Norte Grande, gracias a la influencia de los países vecinos, sin embargo, esta actividad siguió acrecentándose hasta llegar a otras regiones ubicadas al sur del país.

Los primeros cultivos de los que se tiene registro corresponden a plantaciones de papas, zapallo, porotos y maíz, sin embargo, gracias a la colonización española, se introdujeron otros productos, como uvas, manzanas, trigo, olivos, entre otros.

La primera agrupación gremial agrícola en Chile, fue la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA), la cual fue fundada en mayo de 1838. Su principal función era encargarse de aglutinar a los diversos sectores de la agricultura y agroindustria y velar por sus intereses gremiales del sector, promover políticas públicas que fomenten la competitividad y el emprendimiento en el agro, representar a los agricultores en la defensa de sus intereses comunes, capacitar al capital humano e incentivar buenas relaciones laborales, entre otros.

De acuerdo a registros históricos, la agricultura nació en el país para ser un proveedor de alimentos para el mercado interno, sin embargo, las buenas prácticas y la excelencia en la calidad de los productos, hicieron que otros mercados comenzaran a interesarse en la agricultura chilena. Esto también fue fomentado, gracias a los tratados de libre mercado que Chile mantiene con otros países.

En relación a este tema, Carlos Furche G, ex Ministro de Agricultura de Chile (2014-2018), señaló en el estudio “AGRICULTURA CHILENA Reflexiones y Desafíos al 2030”, publicado por la Oficina de Estudios y Políticas Agrarias (ODEPA) en 2017, que “sin lugar a dudas, el rol y valorización de la agricultura como agente de desarrollo del país ha cambiado significativamente en los últimos cincuenta años. En los años sesenta la agricultura se caracterizaba principalmente por ser un proveedor de alimentos crecientemente deficitario para el mercado interno y de mano de obra para otros sectores de la economía. En la actualidad este sector es señalado como uno de los pilares estratégicos de nuestro desarrollo, no sólo por su importante contribución al Producto Interno Bruto (PIB) y por ser una relevante fuente de empleo, sino también porque en su desempeño como sector exportador, ha generado una imagen de calidad y seriedad en los principales mercados del mundo que ha contribuido significativamente a la conformación de una visión del país como un socio confiable y seguro”.

De acuerdo al Anuario de las Exportaciones Chilenas 2018, desarrollado por la Dirección General de Relaciones Económicas Internacionales del Ministerio de Relaciones Exteriores, las exportaciones de productos agropecuarios en Chile, sumaron US$ 8.674 millones en 2017, representando el 25% de las exportaciones no cobre y posicionándose como el mayor rubro exportador.

Además, en el informe se establece que durante el 2017, 154 mercados recibieron productos agropecuarios, destacándose Estados Unidos con un 24%, China con 12% y Holanda con 6%.

En menos de las últimas dos décadas, los envíos de productos agrícolas a otros mercados experimentaron un alza de un 7% promedio anual, casi triplicando su valor, pues en 2003, las operaciones presentaron ganancias de US$ 3.228 millones, mientras que en 2017, fueron de US$ 8.674 millones, siendo las frutas, el principal sector exportador, con un 48% de los envíos, seguido por los embarques agroindustriales (15%), carnes (10%) y frutos secos (7%).

Este aumento en las ventas internacionales ha llevado al sector agrícola chileno a tener estándares de calidad cada vez más elevados y exigentes, los cuales requieren de un trabajo constante y un monitoreo acucioso de los cultivos.

Rodrigo Berrocal, Socio y Fundador de Camponectado, señala que “es indispensable contar con un control de los cultivos, pues pequeños errores podrían generar perdidas desastrosas. Gracias a nuestras estaciones de monitoreo, nuestros clientes conocen en tiempo real, el estado de sus cultivos, lo que les permite tomar acciones de manera inmediata, evitando pérdidas, muchas veces millonarias”.

Entre los principales productos frutales (29% de los embarques del subsector) exportados durante el 2017, se destacó el envío de manzanas (15%), cerezas (12%), arándanos (11%) y paltas (11%).

Con respecto a este tema, Berrocal, manifiesta que frente a lo delicado de los cultivos de exportación y los altos estándares que exigen los mercados de destino, Camponectado, entrega la tranquilidad de conocer desde cualquier parte del mundo, no sólo el estado de los cultivos, sino que tomar acciones rápidas mediante su sistema de automatización, evitando afectar el producto de exportación, minimizando riesgos y optimizando recursos.

“Nuestros clientes son exigentes, pues tanto ellos como sus trabajadores, dependen de los resultados de la cosecha del periodo, por lo tanto, no se pueden permitir errores que ocasionen pérdidas irreparables. Ellos tienen la tranquilidad de operar y monitorear sus plantaciones desde cualquier parte, contando con información oportuna y real”, señaló el profesional.

Actualmente, las estaciones de monitoreo de Camponectado, permiten medir la temperatura de las plantaciones y conocer el nivel de humedad, luminosidad, radiación UV, tensión, ph y CO2 de las plantas, además de automatizar acciones asociadas a la información recolectada por las estaciones. Quienes deseen profundizar y conocer más, pueden comunicarse a contacto@camponectado.com.